Bárbara
Me incliné sobre la cuna del hospital, con lágrimas de pura alegría corriendo por mi rostro mientras tomaba con ternura a mi pequeño recién nacido en mis brazos temblorosos. Lo estreché contra mi pecho, cálido y frágil, y hundí mi rostro en su suave manta, sintiendo el latido constante y rítmico de su corazoncito contra el mío.
Era un verdadero milagro tenerlo así, especialmente después de las aterradoras horas que habíamos pasado viendo su pequeño cuerpo luchar contra esos horribles ep