La cacería. Parte 1.
Narra Vincent:El ruido de la tierra golpeando la madera del ataúd no fue un sonido, fue una sentencia.Un sordo, húmedo y definitivo golpe de la pala que retumbó en mi pecho con más fuerza que cualquier latido, me hirió en lo profundo del alma. Cada puñado de tierra negra que caía sobre el féretro de mi madre, Faela Moreau, era un recordatorio de que mi mundo, tal como lo conocía, se estaba descomponiendo.La lluvia ligera que caía sobre el cementerio no era una tormenta; era un llanto del cielo constante y gélido, que me paralizaba en mi sitio como un doliente espectador. El cielo, teñido de un gris opresivo, parecía estar tan roto como yo, y aunque sabía que ella se había ido, mi corazón se negaba a aceptarlo.Me encontraba allí, inmovilizado por una depresión que me devoraba los huesos, observando cómo la sepultura se cerraba. A mi lado, Juliette me sostenía del brazo, podía sentir el calor de su cuerpo a través de la tela de luto, y sabía que ella estaba allí, cumpliendo su papel
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