Es como si David se hubiera congelado.Está completamente inmóvil, mirándome fijamente, sin que ni un solo centímetro de su cuerpo se mueva, excepto su pecho, que apenas se nota. Lucho por tragar la náusea que ha vuelto a subir a mi garganta, como un nudo duro de traición que no quiere irse.Sigo apoyada contra la puerta, sosteniéndome para no caer, y empiezo a separarme de ella. Despacio. Como si el hombre que tengo delante fuera un animal salvaje y no pudiera asustarlo moviéndome demasiado rápido.—David —susurro, y él solo parpadea en respuesta—. Necesito que sepas que no tenía ni idea de que era él hasta ayer. Tienes que saberlo, ¿vale?Él permanece en silencio.Un silencio inquietante y perturbador.Me siento nerviosa y temblorosa mientras doy un solo paso hacia adelante. Como no reacciona, doy otro. Calculo que serán unos cinco pasos más para llegar hasta él, y tal vez, si se lo explico despacio mientras avanzo, se haya calmado un poco cuando llegue.Doy un paso más.—Por lo que
Leer más