—¡David! —siseo, moviéndome para empujarlo fuera de mí, pero él clava los ojos en los míos, frunce el ceño y luego agarra mi muslo, sujetándome contra él—. No puedes…—Sí —responde a quien sea que esté al teléfono, interrumpiendo lo que iba a decir y empezando a follarme lentamente.—¿Estás hablando en serio ahora mismo?! —susurro.Alarga la mano hacia la mordaza que tiene al lado, se inclina hacia delante para metérmela en la boca, empujando sin querer su longitud completa dentro de mí. Mi gemido queda amortiguado alrededor de la mordaza y él me guiña un ojo, como diciendo «problema resuelto».Pero no está ni remotamente resuelto.Saco la mordaza de mi boca y lo miro furiosa, pero eso solo hace que ponga los ojos en blanco.Luego saca su polla de mí, lo suficientemente lento como para que sepa lo que hace, pero lo suficientemente rápido como para que mi cuerpo se estremezca por el vacío repentino.—Dame un segundo —dice al teléfono, antes de tocar la pantalla y lanzarlo a la cama jun
Leer más