Una vez que me levanto del suelo del pasillo de David, salgo y llamo a Selena de inmediato. Ella me espera fuera del edificio donde vivía antes, el que solía llamar hogar antes de mudarme con David. Ya no se siente como un hogar. Pero, claro, tampoco puedo llamar hogar al de David ahora.
Nos abrazamos un buen rato. Lloro sobre el hombro de mi mejor amiga, sin darme cuenta de las miradas extrañas que nos lanzan los desconocidos que pasan.
Al final, ella me convence de subir. Recuerdos desagradab