IsabellaLa revelación de la Esencia Lunar había dejado al consejo suspendido en la antesala de su propia destrucción, deteniendo las manecillas del destino en un salón donde la tensión se podía cortar con el filo de una espada.Pero el golpe de gracia, el verdadero empujón que derribaría el entramado de engaños de la falsa Luna, no provino de las reliquias místicas del pasado ancestral, sino de las sombras más densas del presente.Un chirrido prolongado, agudo y metálico, cortó el murmullo de la multitud como un lamento; las pesadas puertas laterales del estrado, aquellas que comunicaban directamente con las cocinas inferiores y los pasadizos más profundos de las mazmorras de la finca, se abrieron lentamente de par en par.Por el umbral de piedra avanzó una figura encorvada por los años, arrastrando los pies con una parsimonia y una calma que desafiaban la urgencia violenta del momento.Era la vieja sirvienta de las celdas oscuras, la misma mujer de manos nudosas, piel curtida y ojos
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