Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella
El silencio que se apoderó del Gran Salón no fue un silencio ordinario; fue una marea de muerte, una losa de plomo tan absoluta y densa que pareció succionar el aire de los pulmones de cada alma presente.
El murmullo constante, los gritos de los consejeros, los pasos apresurados de los soldados apostados en los accesos exteriores... todo se extinguió en una fracción de segundo, borrado por el i







