Punto de vista de SiennaEl guardaespaldas asomó la cabeza entre los arbustos, al verme abrazando a Leo, el hombre se quedó de piedra. Por instinto, llevó la mano a la funda del arma de su cinturón, pero al reconocer mi rostro, su expresión se suavizó.Sus otros dos compañeros llegaron corriendo.—Señora Volkov... —murmuró el guardia, mirándome con advertencia— Dios santo, no debería estar aquí. Sabe perfectamente que tiene prohibido...—¡Por favor! —le supliqué, levantando el rostro bañado en lágrimas, abrazando a Leo contra mi pecho— ¡Un minuto más, te lo ruego por tu madre! ¡Solo un minuto más y me voy! ¡No le digan a Aidan, se los ruego!Los hombres se miraron entre ellos, eran hombres letales, pero no eran monstruos, y la imagen de una madre destruida aferrándose a su hijo los conmovió.Sin embargo, las órdenes del jefe eran absolutas.—Lo siento mucho, señora Sienna —dijo el líder del equipo— nos duele en el alma, pero si el señor Volkov revisa las cámaras perimetrales o se ente
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