Punto de vista de Aidan
Las palabras de mi hijo me golpearon con fuerza, aquello no fue un reclamo infantil. Fue la confesión de un niño que se estaba rindiendo. La fiebre no era una infección; era la somatización de la angustia y del estrés al que yo lo había sometido al arrancarle a su madre.
Me quedé paralizado.
Yo había querido castigar a Sienna, había querido demostrarle que nadie me veía la cara de imbécil. Pero al intentar destruirla a ella, estaba asesinando el espíritu de mi hijo.
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