Pov Sienna
El departamento estaba sumido en silencio, yo estaba en la sala, sentada en un sillón frente a la ventana.
No había comido nada en tres días, apenas había tomado sorbos de agua cuando Maya me obligaba a hacerlo. Mi piel había perdido su brillo, mis ojos estaban hundidos y mis labios estaban secos y agrietados.
En mis brazos tenía el dinosaurio de felpa verde.
Mi madre se acercó, traía en la mano una taza de té de manzanilla.
—Sienna, hija... —murmuró, con angustia al verme en ese e