Y sí, podía afirmarlo sin miedo, esa mujer era y sería el amor de su vida. Volvió a besarla una y otra vez, hasta quedarse sin aliento, hasta que la emoción lo desbordó por completo.
Entonces recordó lo que había prometido, recordó que debía ir con calma, que debía demostrarle que era especial. Se separó apenas de ella, tomó la botella de champán, la destapó y llenó las copas con manos que aún temblaban de emoción.
Quiso hacer un brindis por el pasado, por el presente y por el futuro. Por las