Nicolás no veía la hora de llevarse a su esposa de la fiesta. Estaba impaciente, deseando tenerla solo para él. Pero todas las mujeres estaban alrededor de Valentina hablándole sin parar. Así que cuando Valentina se dirigió al baño, Nicolás no perdió la oportunidad de seguirla. Caminó detrás de ella con pasos rápidos y, cuando estaba a punto de llegar a la puerta, la tomó por detrás, pegando su cuerpo al de ella y cubriéndole la boca con una mano.Valentina dio un pequeño salto del susto.—Nicolás, estás loco, casi me matas de un infarto.Él sonrió contra su cuello, aspirando su aroma.—Mi reina, claro que estoy loco, pero es por tenerte solo para mí. Así que lamento interrumpir tus planes, pero nos vamos.Ella soltó una risa nerviosa.—No podemos hacer esto, amor, es nuestra fiesta.—Podemos y lo haremos.Sin darle tiempo a protestar, tomó la mano de su esposa y la guio hacia la salida. Allí tenía un auto esperándolos para llevarlos al hotel que había reservado. Valentina estaba sorp
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