—Arya, ven conmigo al despacho. —Gael se mostró serio.Apenas y le dio un beso en la mejilla a la pequeña Celeste.No me preocupé por nada, desde que él había resuelto ese problema de las acciones, Adrián ya no iba de visita a la mansión y Tamara no me molestaba.La atmósfera era de paz y atracción entre nosotros, esa tarde cuando lo acompañé al estudio no imaginé lo que me diría.—Arya, te dije que sería a tu modo, quiero que confíes en mí, mis intenciones contigo….—Al grano, señor Altamirano, ya no somos dos chiquillos.—Es lo que digo, ¿Quieres ser mi mujer?Sentí mariposa en mi estómago al oír esa pregunta.“Es lo que más deseo en está vida, mi amor”, pensé con mirada ebria de amor.—Sí, pero vamos lento sin prisa, primero se aprende a caminar y luego a correr. Él me atrajo contra su pecho y me dio un beso que me quitó la respiración.Trató de disimular la risa que le provocaba mi expresión. “Sabe que me trae de cabeza, amarlo más no puedo.”, lo miraba sonreía de oreja a oreja.
Ler mais