—Señor, no quiero ser la causa de sus problemas, su hija Tamara, fue clara.—Mientras yo viva, soy el dueño y señor del imperio Altamirano. ¡Usted se queda!Todos dormían en la mansión, Gael me llevó cargada a la habitación.—Gracias, por haberme defendido.—Era mi deber, lamento lo sucedido está noche. —Yo lo lamento más que usted.Me quedé en silencio esperando que se fuera, y él continuó allí de pie mirándome. —Eres impulsiva, de no ser porque te ví salir, te hubieran hecho daño. —No me importa lo que piense de mí, solo quiero trabajar en paz. No estoy interesada en un romance.Su semblante cambió, su cara lucía muy roja, me parece que se molestó por mis palabras.—Yo no pretendo una relación con usted, mi interés en que se quede es por mi hija. Buenas noches, Arya.—Buenas noches, señor Altamirano.Cuando la puerta se cerró, sentí alivio. Me estuve haciendo la dura para no caer en sus brazos.Es arrogante y creído, pero hay algo irresistible en él, no me culpo por sentir atracc
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