Subía las escaleras con la carpeta de las escrituras apretada contra mi pecho, sintiéndome plena.
Gael se había quedado en el jardín con Celeste, dándole unos minutos más de sol.
Todavía no me lo podía creer, el departamento era mío de nuevo.
El aire en el pasillo se vuelve rancio y pesado.
—Vaya, qué cara de victoria traes, Arya. ¿Ya le estás sacando el dinero a mi suegro?
Me detuve en seco.
Adrián estaba apoyado contra la pared, justo al lado de mi puerta.
No tenía la mirada derrotada de la