POV Gael Altamirano.
—Así no, soy un caballero, no quiero que mañana me hagas reproches.
Arya aún apoyada a la puerta de su habitación, con los labios hinchados por mi beso y la mirada perdida en esa nebulosa que sólo el alcohol y la desesperación pueden crear.
Se veía tan frágil y, al mismo tiempo, tan peligrosamente provocativa.
—Hazme tuya, Gael —susurró, y esas tres palabras golpeaban mi resistencia. —Deja de luchar. Los dos lo queremos… lo sé.
Sus manos, temblorosas pero decididas, tratar