Mis ojos se nublaron con lágrimas que me negué a soltar, cuando crucé el umbral de la mansión Altamirano, no pude evitar recordar todo lo que viví allí.—Bienvenida, futura prima. —Tamara me dio un beso en la mejilla.Su prometido solo emitió un seco: Hola.—Ya casi somos familia, Adrián. Dame un abrazo. —Dije mientras lo apretaba con fuerza. Su cuerpo vibró ante mí, pero disimuló muy bien ante los demás.Eché un vistazo a la sala, todavía estaba colgado un cuadro grande de Gael.Me acerqué y lo miré por varios segundos, sentí tanta nostalgia que apreté los labios para contener el llanto.—¿Guapo, verdad? Era mi padre.—Muy joven y atractivo, lamento tu pérdida.A ella ni siquiera se le humedecieron los ojos, solo asintió con la cabeza.Nos acomodamos en el amplio sofá de la sala y nuestros anfitriones nos hacían plática.Mientras tomamos un aperitivo, Tamara le dijo a la empleada que fuera a buscar a su hermana menor.Adrián nos hizo pasar al comedor, ya habían colocado la vajilla es
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