Thomas Lincoln llevaba una semana en el hospital y la familia Lincoln llevaba una semana fingiendo que no se estaba cayendo a pedazos.Margaret iba cada mañana a las ocho y salía a las seis. Camila se turnaba con ella las tardes, llegaba con flores que Thomas no quería y revistas que Thomas no leía y la sonrisa de una hija devota que por dentro estaba contando los días para que su padre saliera y dejara de ser el centro de atención de todos. Richard acompañaba a Camila cuando podía, que era cada vez menos, porque el caso que tenía en la firma le servía de excusa para estar donde no estuviera su esposa.Y Camilo iba cada noche a las nueve, después de cerrar la oficina, con Valentina.Siempre con Valentina.Esa noche, viernes, habían vuelto del hospital a las once. Thomas estaba mejor, gruñón, exigiendo informes financieros y amenazando con levant
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