La tormenta se fue como llegó: sin avisar.Valentina se despertó en el sofá del salón con el sol entrándole por los ventanales y el silencio de un mundo que había dejado de gritar. Afuera, el cielo estaba limpio, azul, obscenamente perfecto, como si las últimas cuarenta y ocho horas de viento y lluvia no hubieran existido.Camilo ya no estaba en el otro sofá. La manta doblada, la almohada en su sitio. Olía a café desde la cocina.Valentina se levantó, se estiró y caminó hacia la terraza. Camilo estaba ahí, descalzo, con el café en la mano y la mirada en el mar.---Sobrevivimos ---dijo ella.---Sobrevivimos.---¿Cuánto dormiste?---Poco.---¿Poco de tres horas o poco de no dormí nada pero no quiero admitirlo?---Lo segundo.Valentina se sentó a su lado. Camilo le
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