Camilo estacionó frente al Café Tremont con el estómago hecho un nudo y la llamada de Isabella todavía resonándole en la cabeza.Tengo algo que mañana puede ser portada de tres revistas.Apagó el motor. Se quedó un momento mirando a través del cristal del café. Isabella estaba sentada junto a la ventana, con las piernas cruzadas, un capuchino entre las manos y la sonrisa de una mujer que cree tener el mundo agarrado por las pelotas.Camilo respiró hondo y se bajó del coche.---Llegaste rápido ---dijo Isabella cuando él se sentó frente a ella---. Creí que ibas a hacerte el difícil.---No tengo tiempo para juegos, Isabella. Di lo que tengas que decir.---¿No me vas a pedir un café primero? ¿Ni un hola? ¿Ni un «qué tal, Isabella, cuánto tiempo»? Los Lincoln perdieron los modales o solo los perdiste tú.---Isabella.---Bien, bien. Directo al grano. ---Dejó el capuchino sobre la mesa y abrió el bolso. Sacó una carpeta de cartón azul, tamaño carta, y la puso entre los dos---. ¿Quieres saber
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