Mundo de ficçãoIniciar sessãoCamilo despertó a las ocho y media con el sol pegándole en la cara y una sensación incómoda instalada en el estómago.
Culpa.
Tardó un par de segundos en identificarla porque hacía años que no la sentía así de limpia. La culpa habitual, la de siempre, la que llevaba pegada al cuerpo como una segunda piel, era otra cosa. Era la de acostarse con su hermana. La de vivir una doble vida. La de mentirle







