Camila estaba tumbada en una hamaca bajo una palapa, con los ojos cerrados y el sonido del mar de fondo, pensando en absolutamente nada. Y eso, para una mujer que llevaba años pensando en todo al mismo tiempo, era algo cercano a un milagro.Los últimos tres días habían sido buenos. No buenos de "estoy fingiendo que son buenos". Buenos de verdad. Richard la llevó a cenar a un restaurante donde el chef les preparó la mesa en la arena. Mateo aprendió a bucear con snorkel y salió del agua gritando que había visto un tiburón, que resultó ser una bolsa de plástico. Sophie se comió medio kilo de arena y sobrevivió sin consecuencias, lo cual confirmaba la teoría de Camila de que esa niña estaba hecha de un material que la ciencia no había catalogado todavía.Y Camila no había tocado el teléfono.Cinco días. Cien
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