Pasamos dos semanas encerrados, sin importarnos nada de lo que sucede a nuestro alrededor, olvidando la inauguración de la discoteca y todo lo que conlleva. Apenas he podido comunicarme con mis amigas; el poco tiempo que he tenido separada de mi posesivo francés me ha servido para hablar con ellas sin entrar en demasiados detalles.Así como le gusta a Tati, les he dicho que estoy bien, que vivo metida en una especie de limbo del que no deseo salir ni a palos. Me alegra que se sientan felices por mí. Mariona, como siempre, está preocupada porque no quiere que termine sufriendo; en cambio, Tati, que ya le contó a Martín sobre su embarazo, me anima a seguir adelante y dejar que pase lo que tenga que pasar, sin pensar demasiado.Y eso es justamente lo que hago.Me dejo llevar.Tomo el camino de Tati y continúo con este extraño idilio que vivo junto a Dominic, porque, aunque suene absurdo, me gusta sentirme atrapada en su mundo. Estar con él se ha convertido en algo indispensable; no solo
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