Me siento al borde de la cama, con un llanto suave, uno melancólico, uno que no necesita de gritos ni exageraciones. Tomo aire y marco su número por enésima vez, aun sabiendo que no contestará.Sigo en la misma posición, mirando un punto fijo, hasta que recuerdo una grabación que tengo de una de las tantas conversaciones que tuvo un día.Recuerdo a Martín. Nunca le pregunté qué fue de esa conversación aquella tarde en la playa, pero, para ser sincera, no creo que tenga importancia o él ya me lo hubiera dicho. Decido llamarlo. Necesito saber qué dice mi grabación.—¡Blanca, qué sorpresa! Por Dios, le dije a Tati que habláramos contigo personalmente, pero está tan ansiosa con la llegada del bebé que no se resiste a los secretos. —Arrugo la frente sin entender nada, tratando de imaginar de qué está hablando.—Lo siento... ¿de qué hablas? —me da risa estar en esta situación: Martín diciendo que Tati es una ansiosa y, al final, está a punto de revelarme un secreto.—¿No has hablado con Tat
Leer más