Preguntas sin respuestas.
Patrick está parado al lado del vehículo. Al verme, se acerca a la puerta trasera y la abre para que suba; ni siquiera me tomo la molestia de saludarlo, pues sé que no me responderá. El camino hacia el aeropuerto es largo. De vez en cuando lo miro por el espejo retrovisor; va concentrado en la carretera y tiene ese aire misterioso de los hombres que aparecen en películas de gánsteres. Es un milagro que Dominic me haya revelado su nombre, aunque fue acompañado de una orden inmediata: no hablarle