—Hola, señoritas.Ariel mostró una amplia sonrisa al acercarse a las mujeres, aunque ahora que lo pensaba, probablemente había parecido una acosadora.—Hola, ¿podemos ayudarte? —respondió una de ellas, aunque apenas le dedicó una mirada. Estaba concentrada en su teléfono, sonriendo despreocupadamente.—Sí, reservé una habitación aquí anoche.Ariel explicó, esperando captar su atención, pero ninguna le prestó el menor interés.—Soy nueva en la zona y esperaba que supieran de algún lugar donde pudiera conseguir un apartamento, preferiblemente uno económico.Todas las mujeres levantaron la cabeza al mismo tiempo y la miraron con una expresión fría que le erizó la piel antes de volver a sus teléfonos.—Disculpen, hice una pregunta.Ariel les recordó cuando pasaron varios segundos sin que respondieran.—Disculpa, ¿no sabes leer el letrero de afuera? ¿Eh? Esto es una posada, un lugar para hospedarse, y si no te gusta estar aquí, puedes agarrar tus mierdas e irte.La boca de Ariel quedó abie
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