No, no lo conocía, pero mi cuerpo sí, por eso mi respuesta lo hizo feliz, y esa mañana, dormí en sus brazos, abrazada a su cuerpo, para nunca más separarme de él, del latido de su corazón que calmó mi ser, que fue como una canción de cuna para mi cerebro sobreestimulado, para mi cuerpo exaltado por las horas en las que el suyo me contempló y perdí la cuenta de cuántos orgasmos me provocó, de las veces en las que detuvo mis latidos, no solo por sus caricias, sino por sus ojos demandantes, por sus sonrisas victoriosas, maliciosas, y ardientes que me dejaron sin aliento más de una ocasión.Sí, no lo conocía, pero ¿a quién carajos le importaba? Ni siquiera me importaba que él fuera «un trabajo», que fuera mi amo, que yo fuera su empleada, su juguete, su desahogo sexual, solo me importaba él, su deseo, el calor de sus pupilas y la necesidad de su cuerpo.—Creo que desde el inicio fui claro, señor Ducal ―insistió con énfasis mi amo Caine, con el rostro serio, la mandíbula apretada y el entr
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