.14.

Su pene era enorme, estaba tan duro, que mi interior palpitó al saberlo tan excitado, pese a que, en realidad, no habíamos hecho mayor cosa. Era blanco, como su cuerpo entero, su piel estaba tensa y su punta era rosada, como sus labios, una vena hinchada y gruesa lo rodeaba desde un lado, subiendo por la bara hasta perderse antes de llegar al capullo. Palpitaba y se movía sobre su torso. Una lágrima sola brillaba en su ojo ciego, tan erótico, que terminé de mojar las bragas por completo.

Tragué
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