Magnus me ayudó a salir del abismo, no solo con su cuerpo, sino con sus mimos, sus palabras de aliento, con su cuidado y, aunque tardó en decírmelo, me di cuenta de que me amaba tanto como yo a él.
No pasó mucho tiempo, antes de que, tras llevarme a París para una supuesta cena de negocios, me propusiera matrimonio y me jurara amor eterno.
Dije que «sí». Emocionada le respondí que sí, e hicimos el amor mirando la Torre Eiffel, con mis pechos llenando de leche la cristalera contra la cual me emp