.18.

No, no lo conocía, pero mi cuerpo sí, por eso mi respuesta lo hizo feliz, y esa mañana, dormí en sus brazos, abrazada a su cuerpo, para nunca más separarme de él, del latido de su corazón que calmó mi ser, que fue como una canción de cuna para mi cerebro sobreestimulado, para mi cuerpo exaltado por las horas en las que el suyo me contempló y perdí la cuenta de cuántos orgasmos me provocó, de las veces en las que detuvo mis latidos, no solo por sus caricias, sino por sus ojos demandantes, por su
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