.16.

Sus gemidos me estaban torturando, y sus labios eran ambrosía pura. No derramó ni una sola gota, me estaba comiendo de verdad, succionando toda mi leche que se vertía con violencia y abundancia sobre su boca que tragaba y tragaba.

―¡Amo Caine! ―grité cuando no pude más, cuando un orgasmo clamó con energía contra las costas de mi psique y no pude hacer más que temblar, sollozar y retorcerme, pegándome a su cara, tomando su cabeza con una mano e impulsándome sobre su rostro, para sentir más, casi
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