Capítulo 54. El líquido del sufrimiento
—¡Abran la puerta! ¡Se lo ruego, mi hijo debe ser amamantado ahora mismo!La voz de Elara sonaba ronca, fundiéndose con el golpe de sus palmas contra la fría madera de la puerta de teca. Se había despertado al romper el alba con el cuerpo sacudido por escalofríos. La fiebre empezaba a invadir su sistema nervioso, pero el dolor más real estaba en su pecho. Sus senos, hinchados y endurecidos, se sentían calientes y latían con una punzada insoportable debido a la producción de leche acumulada. Pegó la oreja a la rendija de la puerta, anhelando escuchar algún quejido de Felix o Diego en la distancia del pasillo. El silencio que obtuvo fue mucho más desgarrador que los insultos de Alejandro de la noche anterior. Elara se desplomó en el suelo, rodeando su pecho con sus propios brazos, con la respiración entrecortada.—¡Enfermera Martha! ¡Quienquiera que esté ahí afuera, por favor, tráiganme a mis niños! —gritó de nuevo, aunque sabía que el pabellón estaba completamente aislado.Cada pequ
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