Rena permanecía inmóvil en medio de su pequeña habitación, con el pecho agitado.La cinta azul aún colgaba suelta alrededor de su muñeca, húmeda por el sudor del entrenamiento. La marca en su brazo brillaba suave y dorada bajo la manga, resistiéndose a desaparecer a pesar de que presionaba con fuerza la palma de la mano contra ella. La voz de Darien volvió a oírse a través de la puerta: baja, áspera, nada parecida a su tono tranquilo habitual.«Rena. Abre la puerta».No se movió. Sentía las piernas pesadas, como si recordaran cada paliza que le había enseñado a no confiar jamás en una puerta cerrada. La cinta se sentía más pesada ahora, como un pedazo de su madre advirtiéndole que tuviera cuidado.Tras un largo silencio, lo oyó cambiar de postura. La madera crujió ligeramente bajo su mano.«Sé que estuviste ahí fuera esta noche», dijo en voz baja esta vez. «Con Rio, vi la luz».Rena contuvo la respiración y miró su brazo brillante, la Luz Invisible. Ya la había traicionado. Caminó temb
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