Rena despertó antes de que la primera luz gris se colara por la estrecha ventana. El sueño se había mantenido alejado casi toda la noche; ahora solo se oía el eco de pasos fuera de su puerta y el calor ardiente en su brazo izquierdo. Se incorporó lentamente sobre el delgado colchón; la habitación aún estaba cargada del polvo y el silencio del día anterior. Sentía la espalda tensa donde las viejas ronchas habían empezado a cicatrizar, pero el verdadero dolor era más profundo, aún inexplicable pa