Liam se encuentra a unos metros de mí, con las manos en los bolsillos y los ojos vidriosos. Incluso desde aquí puedo oler el alcohol.—Hola, Diane —mi nombre sale de su boca como si le perteneciera.—¿Qué haces aquí, Liam Reed? —pregunto, intentando mantener la voz firme a pesar de mi corazón desbocado.—No tienes que decir mi nombre completo como si fuera un extraño —ríe, dando unos pasos más cerca mientras intenta no tropezar.—Bueno, lo eres.Se acerca aún más, demasiado cerca, y trago saliva con fuerza.—¿Estás borracho? —pregunto con tono seco, aunque más que una pregunta es una afirmación.—No. Tomé unas copas, pero no estoy borracho —arrastra las palabras.Siento cómo la ira crece dentro de mí al recordar cómo llegaba a casa borracho y se convertía en un animal salvaje. Luego, al día siguiente, me pedía disculpas con un ramo de flores y regalos baratos.—He estado intentando localizarte —dice—. Cambiaste de número. Me bloqueaste en todas partes.—Sí, fue intencional.Su mandíbu
Leer más