Él la observó. Escrutando sus mejillas y la fragilidad de sus huesos, exhaló con un repentino sonido de burla. "Si esto es otro resultado de una de esas dietas tuyas, voy a perder los estribos. ¿Cuándo vas a entender que me gustas como eres? ¿Quieres enfermarte? No tengo paciencia con estas tonterías, Freya"."No", asintió ella, sin verle la gracia a su malentendido."Ve a ver a tu médico hoy", le indicó. "Y si no, me enteraré. Se lo comentaré a Steven al salir".Al mencionar al guardia de seguridad, supuestamente para protegerla, pero sospechaba que la mayoría de las veces para vigilar cada uno de sus movimientos, hundió la mejilla en la almohada. No le gustaba Steven. Su inexpresividad y su extrema formalidad la intimidaban. “¿Qué tal te va con él, por cierto?”“Entendí que no debía llevarme bien con tus hombres de seguridad. ¿No fue por eso que transfiriste a Michael?”, murmuró, agradecida por el cambio de tema, por muy perturbador que fuera.“Estaba demasiado ocupado coqueteando
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