Él la observó. Escrutando sus mejillas y la fragilidad de sus huesos, exhaló con un repentino sonido de burla. "Si esto es otro resultado de una de esas dietas tuyas, voy a perder los estribos. ¿Cuándo vas a entender que me gustas como eres? ¿Quieres enfermarte? No tengo paciencia con estas tonterías, Freya".
"No", asintió ella, sin verle la gracia a su malentendido.
"Ve a ver a tu médico hoy", le indicó. "Y si no, me enteraré. Se lo comentaré a Steven al salir".
Al mencionar al guardia de segu