(Narrado por Connor)La sala de estar estaba sumergida en una paz que, semanas atrás, me habría parecido extraña. El televisor estaba encendido con el volumen bajo, proyectando un documental sobre el Egeo que ninguno de los dos miraba realmente. Yo seguía confinado al sofá, con la pelvis estabilizada por almohadines, pero el dolor agudo ya se había transformado en una molestia sorda y manejable. Maya estaba sentada en la alfombra, apoyando su espalda contra mis piernas, usando mis rodillas como escritorio improvisado mientras revisaba unos viejos manuales de primeros auxilios que yo le había prestado.—¿Sabes qué es lo que más me gusta de este reposo forzado, bonita? —dije, pasando
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