Anastasia.Bufé al ver a Ezequiel en la puerta, con un ramo de rosas y chocolates.—Lo envía el señor Vane —me dijo con una sonrisa sutil.Me encogí de hombros, le hice una seña para que entrara. No quería verlo y tampoco recibir nada más de él. Ezequiel se dio cuenta de eso, me pidió permiso para dejar todo en la mesa, y me observó, o más bien, me escaneó. Me sentí incomoda, así que crucé los brazos.—Dile que estoy bien —dije con una sonrisa fingida.Ezequiel se avergonzó. Siguió el camino a la salida, pero cuando abrí la puerta, jadeé del susto.—¡Debí avisar! Lo siento.Me llevé una mano al pecho mientras Ezequiel examinaba al hombre con detenimiento.—Ven, pasa —le dije al recién llegado.Él entró mirando con el ceño fruncido a Ezequiel, y me quedé mirando al chofer para que se largara. Lo hizo, pero sabía que era cuestión de tiempo para que llamara a Leónidas.Por supuesto, yo no podía mover un pie sin que él se enterara. Sabía que no había cámaras en el penthouse, pero la situa
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