(POV de Sofía)Las paredes forradas de seda del dormitorio se sentían más cerca que hacía una hora. Paseé el largo de la alfombra persa, los pies descalzos hundiéndose en la suave lana, el ligero vestido dorado revoloteando alrededor de los tobillos como un caro sudario. Cada vez que me acercaba a la pesada puerta de caoba, las sombras de los dos guardias apostados en el pasillo parpadeaban bajo la rendija, un constante recordatorio del límite que no tenía permitido cruzar.De repente, un enorme y resonante rumble cortó el tranquilo zumbido del palacio.El lejano y brusco estrépito de cuernos de latón cortó el aire, seguido del rugiente trueno de decenas de cascos herrados de hierro repiqueteando sobre los adoquines del patio principal. Los gritos estallaron desde los niveles inferiores, frenéticos, celebratorios, una repentina explosión de ruido qu
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