Mundo ficciónIniciar sesiónLas paredes forradas de seda del dormitorio se sentían más cerca que hacía una hora. Paseé el largo de la alfombra persa, los pies descalzos hundiéndose en la suave lana, el ligero vestido dorado revoloteando alrededor de los tobillos como un caro sudario. Cada vez que me acercaba a la pesada puerta de caoba, las sombras de los dos guardias apostados en el pasillo parpadeaban bajo la rendija, un constante recordatorio de







