(POV de Julián)Las pesadas puertas de roble gimieron sobre las bisagras de hierro detrás de nosotros, pero mis ojos permanecieron clavados en el arrugado y sonriente rostro de Catalina. La revelación de la profecía quedó suspendida en el aire helado entre nosotros, más densa que el humo de los hogares. Mi mente, habitualmente una cuadrícula ordenada de lógica y comercio, se fracturaba bajo el enorme peso de lo que acababa de entregarme.Si Sofía era la primera estirpe, la soberana verdadera, entonces cada pieza de la estructura global del clan estaba a punto de deslizarse fuera del tablero.Tomé un aliento lento y medido, forzando el pulso a nivelarse mientras me adentraba ligeramente en la sombra del arco de piedra, lejos de la mirada de caza de Alejandro.—¿Por qué me dices esto, Catalina? —pregunté, con la voz bajando a un susurro bajo y depredador—. ¿Qué ganas tú? Si Sofía es la loba profetizada destinada a gobernar cada reino bajo la luna, ¿por qué me la entregas en bandeja de p
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