El sistema dejó de hablar como una sola voz.Eso fue lo primero que Ayo notó.No fue un quiebre audible ni una distorsión dramática del entorno. Fue algo más sutil: cada instrucción, cada respuesta, cada fragmento del sistema empezaba a llegar con pequeñas variaciones internas, como si varias instancias estuvieran respondiendo al mismo tiempo sin coordinarse del todo.No se contradecían.Se multiplicaban.El nuevo Ayo permanecía en el centro de esa multiplicación sin parecer sorprendido. Ya no había centro real, pero su presencia seguía funcionando como punto de referencia provisional, como si el sistema aún necesitara algo que imitar como eje.El expediente —o los expedientes— flotaban en un estado de superposición inestable. A veces eran uno solo, a veces dos perfectamente sincronizados, y otras veces se fragmentaban en capas de significado que no coincidían en ningún punto exacto.Ayo lo observaba sin moverse.Ya no intentaba estabilizar nada.Esa fase había terminado.Ahora solo o
Leer más