No hubo un gesto visible que marcara el momento exacto en que la presencia decidió, no hubo un movimiento que pudiera señalarse como inicio de algo concreto, pero el cambio se sintió con una claridad imposible de ignorar, como una variación en la presión del aire que no correspondía a ningún fenómeno físico, como si la realidad misma ajustara su equilibrio en respuesta a una voluntad que ya no se limitaba a observar, y en ese instante supe, con una certeza que no necesitaba confirmación, que ya no éramos espectadores.Éramos variables.La forma en que el patrón se reorganizó no fue abrupta, fue precisa, casi deliberadamente lenta, como si quisiera que percibiéramos el proceso, como si la transición fuera parte del mensaje, y en medio de esa reconfiguración, la conexión dentro de mí volvió a intensificarse, no como antes, no como una invasión ni como una expansión caótica, sino como un enfoque dirigido, como si esa presencia afinara el canal para dirigirse con más claridad.Pero ya no
Leer más