La sincronía no llegó como una elección consciente ni como un acto deliberado que pudiéramos controlar desde la superficie de lo que éramos, llegó como una consecuencia inevitable del equilibrio que habíamos alcanzado, como si todo lo que había ocurrido hasta ese momento hubiera sido una preparación silenciosa para este punto exacto, donde sostenernos por separado dejaba de ser funcional y hacerlo juntos se convertía en la única forma de no fracturarnos bajo la presión de algo que no estaba dis