Lo que se manifestó no tuvo límites claros ni contornos definidos, pero tampoco fue abstracto en el sentido tranquilizador de lo incomprensible, fue una presencia que imponía su existencia sin necesidad de forma estable, como si la realidad intentara adaptarse a ella sin lograrlo del todo, como si cada intento de percibirla terminara en una corrección violenta de lo que los ojos creían entender, y en ese instante, el espacio dejó de ser un lugar seguro para la percepción.
No apareció frente a n