El sistema no avanzó como algo externo que se aproxima, sino como una consecuencia que ya estaba en movimiento dentro de nosotros y que simplemente terminó de revelar su dirección, porque en el instante en que entendimos que éramos interfaz activa, la naturaleza misma de la interacción cambió sin necesidad de un nuevo evento que lo marcara, como si esa comprensión no fuera una observación tardía sino una variable que el sistema incorporaba de inmediato para recalcular su propio comportamiento e