El almacén era una tumba.Sara estaba de pie en las sombras, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta. El edificio era viejo, abandonado, el tipo de lugar donde se hacían tratos y se enterraban cuerpos. El polvo flotaba en el aire. El agua goteaba en algún punto de la oscuridad. La única luz provenía de una sola bombilla colgando del techo, balanceándose ligeramente, proyectando sombras en movimiento sobre las paredes.Mark estaba detrás de ella, cambiando el peso de un pie a otro. Su traje caro se veía fuera de lugar en medio de la suciedad. No había querido venir. Ella lo había arrastrado de todos modos.—Madre, esto es un error —susurró Mark—. No sabemos con quién nos vamos a reunir. Podría ser una trampa.Sara no lo miró. —Todo es una trampa, Mark. La cuestión es quién la activa.La puerta se abrió con un chirrido.Una figura entró. Alta. Vestida de negro. Una capucha cubría su rostro. La figura caminó hacia ellos lentamente, con seguridad, como alguien que ya había e
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