Lucía había visto muchos expedientes.Había cubierto tutelas forzadas, internamientos voluntarios que no lo eran, diagnósticos que llegaban antes que los síntomas y firmas médicas capaces de convertir una incomodidad familiar en argumento legal. Lo había visto en Bruselas, en Madrid, en Ginebra dos años atrás, durante un caso que todavía le dejaba una rabia limpia y sostenida cuando lo recordaba. Familias respetables, instituciones correctas, médicos de voz serena. Siempre cambiaban los apellidos. El método, casi nunca.Lo que tenía ahora en la pantalla no era distinto en estructura.Era solo más fino.El expediente de Adriana De la Vega llevaba dieciocho meses en construcción. No empezaba con el secuestro, ni con Fontvieille, ni con el regreso controlado a la villa. Empezaba antes. Una entrada clínica de una psicóloga de guardia en el hospital de La Condamine, fechada meses antes de la gala, hablaba de síndrome de estrés adaptativo con componente disociativo leve, código ICD-10 F43.2.
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