Victoria se metió en la cama esa noche con una sonrisa grabada en el rostro. Los besos de Liam seguían quemando en su piel y, al cerrar los ojos, fue inevitable que el deseo la venciera. Soñó con él, soñó que hacían el amor con la misma pasión desbordante de años atrás, sintiendo que el tiempo no había pasado y que sus cuerpos aún se pertenecían. A la mañana siguiente, al llegar al colegio con Juan Manuel, sus ojos se iluminaron al ver el auto de Liam. -¡Papá! -gritó el niño, lanzándose a sus brazos. -¡Qué pesado estás hoy! -bromeó Liam, llenándolo de besos. Sin embargo, el momento de felicidad se congeló cuando Victoria vio bajar del auto a una mujer de una elegancia gélida y sofisticada. Era Elisa Hansel, quien caminaba hacia ellos con paso firme, evaluando todo a su alrededor. Liam, notablemente tenso, le pidió a Victoria que se acercara. -Ella es mi mamá. Vino conmigo para conocer a Juan Manuel -dijo él, sin rastro de entusiasmo en su voz. -Mucho gusto, señora -sal
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